Conseguir más no siempre llena el vacío

La dura realización acerca del vacío que todo ser humano siente.

Conforme uno va creciendo y acumulando años de experiencia, si te has embarcado en ese largo camino de éxito personal y consecución de objetivos, como muchos de nosotros, comienzas a descubrir algo complicado.

Poco a poco vas cumpliendo muchas de esas cosas que tenías marcadas como “indispensables para ser feliz y sentirme completo”. Y entonces te das cuenta de una dura verdad: la euforia dura unas cuantas horas, días o incluso semanas. Pero cuando esa emoción efímera pasa, te quedas con la misma pregunta que te has hecho durante años:

¿Y ahora qué? ¿Cuál es el siguiente objetivo o paso?

Es complicado lograr objetivos que pensabas que cambiarían tu realidad, tu estado mental y emocional, solo para descubrir que sigues sintiendo ese vacío tan fuerte que experimentamos constantemente los seres humanos.

Y te rompes la cabeza preguntándote por qué.

Creciste pensando que la autorrealización era aquello que te traería paz y te haría sentir completo. Sin embargo, con el tiempo descubres que quizá no hay nada más alejado de la verdad.

He entendido que, por más objetivos que cumplas, bienes materiales que tengas o éxitos personales que acumules, tu espíritu nunca estará completamente tranquilo.

Y es ahí donde entró la religión para mí.

Me di cuenta de que vivía desde una perspectiva extremadamente egoísta, pensando que todo giraba a mi alrededor, cuando en realidad solo soy un pequeño grano de arena dentro de un océano gigantesco.

Pero eso no significa que no sea importante. Al contrario. Todos somos únicos y creo que tenemos una misión o alguna tarea que cumplir.

Cambiar tu mentalidad por una menos egocentrista y más conectada con tu mundo comienza a darte un poco de paz. Empiezas a comprender que muchas de las cosas realmente importantes no tienen tanto que ver contigo, sino con los demás.

Aun así, el vacío sigue existiendo.

Y poco a poco vamos entendiendo que quizá lo único que puede llenarlo es Dios.

No quiero entrar en definiciones, religiones o distintas formas de entenderlo. Llamémoslo, como ejercicio práctico, el Dios de todos nosotros.

Caminar con Él, incluso con dudas, silencios o rencores, hace la vida mucho más llevadera y te da una calidez dentro de ti que nada del mundo terrenal podría otorgarte.

Este no es un escrito para convertirte a alguna religión. Respeto todas y, de hecho, me gustaría tener mucho más conocimiento acerca de cada una.

Solo es una reflexión que quizá podría ayudarte a dejar de sentir tanta desilusión o desasosiego con este mundo terrenal en el que vivimos, rodeados de tantas cosas que nos hacen preguntarnos constantemente por qué estamos aquí y cuál es nuestro sentido en esta vida.

-Adrián de la Vega.

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