La incongruencia de quienes predican la fe, pero no la practican

A lo largo de estos años, en los cuales me he acercado a Dios, he tenido la oportunidad de conocer a todo tipo de personas que tienen una religión y que profesan su fe con fortaleza.

Sin embargo, he notado ciertas inconsistencias en algunas personas que son muy religiosas. Ojo, no puedo generalizar. Simplemente he conocido varios casos que me han llevado a formar una opinión que espero que no refleje un patrón.

Estas personas, en diversas ocasiones, “responsabilizan” a Dios por sus decisiones, argumentando que es Él quien las ha llevado a tomarlas. Cuando, sinceramente, lo único que están haciendo es evadir la responsabilidad de decir: «Tomé esta decisión porque así lo quiero y porque no me hace bien estar ahí».

Otro punto importante es que existe una fuerte falta de congruencia entre la forma en la que se conducen en su vida personal y los valores que tanto profesan en la iglesia. Por un lado, hablan de amabilidad, apoyo mutuo y responsabilidad. Sin embargo, en su vida personal, sus acciones no podrían estar más alejadas de esos principios.

Lamentablemente, me he llevado grandes decepciones con este tipo de personas. Me ha tocado presenciar estas contradicciones en diferentes lugares y circunstancias.

Por último, en muchas ocasiones, moldean a Dios para que encaje con lo que ellos quieren para su vida. «Esto va a suceder así porque así lo quiero y Dios lo sabe». Cuando, en realidad, somos nosotros quienes debemos aprender a aceptar el destino y la misión que Dios tiene para cada uno.

O convierten la adoración, la iglesia y las Escrituras en una especie de programa de superación personal, enfocado completamente en el oyente. Pareciera que se imparten charlas de motivación en lugar de recordar que somos nosotros quienes debemos adorar y someternos al Creador del universo.

Pienso que es excelente que una persona sea apegada a Dios y religiosa. Sin embargo, la vida también requiere de crecimiento personal, de juzgarnos, cuestionarnos, criticarnos a nosotros mismos y asumir la responsabilidad de nuestras decisiones y acciones. La fe no debería convertirse en una excusa para evadir ese trabajo personal.

Es importante que, si decides integrarte a un grupo religioso, acudir a una iglesia o formar parte de un círculo de amigos que practican la fe, mantengas siempre un criterio propio que te permita juzgar con inteligencia y objetividad lo que se está transmitiendo.

-Adrián de la Vega

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