Una despedida del amor moderno

Después de varios años en los que he salido con muchas personas, aunque fuera simplemente para tomar un café y conversar durante unas horas, por primera vez ya no siento el deseo ni las ganas de tener una pareja.

Comprendí que el ideal de pareja que tenía en mente, con el que crecí en casa y que también observaba en los padres de mis amigos y conocidos, ya no existe.

Los cambios brutales, progresivos y avasalladores en cuestiones económicas, sociales, laborales y tecnológicas, entre muchas otras, han provocado que hombres y mujeres nos relacionemos de una forma muy diferente a como lo hacíamos antes. Diría que no necesariamente mejor, pero nada es blanco o negro. Así como antes existían problemas, ahora también los hay.

Sin embargo, es indudable que la institución de la pareja se ha visto gravemente afectada por las circunstancias actuales.

No quiero entrar en detalles porque hoy en día expresar una opinión sincera y honesta, especialmente cuando va en contra de lo que piensa la mayoría, puede condenarte. Así que prefiero reservarme las razones y limitarme a explicar el resultado.

Pienso que el ideal de hombre y mujer que tenemos en la cabeza y que buscamos en una pareja ya no existe. Ambos nos hemos transformado y vuelvo a lo mismo: no necesariamente para mejor.

Así que decidí aceptar lo que está sucediendo a mi alrededor, comprender cómo funcionan las cosas actualmente y concentrarme en otras cuestiones.

Me preocupa un poco porque el amor, el cariño, las relaciones de pareja y todo lo que las rodea son una parte importante de lo que me inspira a escribir y crear arte. Sin embargo, sé que esa chispa, ese sentimiento y esa inspiración siempre estarán ahí, aunque sea de forma platónica, incluso si ya no quiero ni puedo vivirlos en la realidad.

Hoy en día pienso que hay cosas mucho más importantes que buscar una pareja. Hay problemas que aquejan a nuestra sociedad y que piden a gritos ayuda, soluciones y creatividad. Cuestiones sociales, políticas, religiosas y muchas otras que merecen nuestra atención.

Así que he decidido enfocar mi tiempo, energía y creatividad en ellas.

Es el final del Adrián romántico. No de espíritu, sino de cuerpo.

¡Hasta nunca!

-Adrián de la Vega.

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