Riesgo, incertidumbre, obstáculos, recuperaciones. La vida es eso.
Viendo un video acerca de la toma de decisiones, me fascinó una de las teorías expuestas: la mayoría de las decisiones importantes que tomamos en nuestra vida ocurren bajo incertidumbre.
Y entonces pensé: ¿qué es lo que nos hace asumir esos riesgos tan importantes para alcanzar aquello que tanto anhelamos, incluso cuando no tenemos ninguna certeza de que las cosas saldrán bien?
La respuesta es la fe. Y no vista únicamente desde un punto de vista religioso, sino como un concepto mucho más amplio, sin una acepción necesariamente religiosa.
La fe es lo que mueve al hombre. Fe en un futuro mejor, en un sueño, en cambiar las cosas, en transformarse. Fe en que aquello que hoy solo podemos imaginar algún día puede convertirse en realidad.
Por eso ese versículo, 2 Corintios 5:7, me gusta tanto: «porque por fe andamos, no por vista».
Y creo que pocas frases describen mejor la vida.
Porque la fe es necesaria para todos nosotros. Nadie sabe realmente qué ocurrirá mañana. Mucho menos dentro de un año, cinco o diez. Aun así, seguimos caminando, tomando decisiones, arriesgándonos y construyendo cosas que quizá tarden años en dar frutos.
Mientras navegamos por este mar lleno de tempestades, tormentas y momentos de baja visibilidad, muchas veces lo único que tenemos es una corazonada, una visión, un propósito. La fe.
La certeza casi nunca existe. A veces ni siquiera podemos ver con claridad aquello que tenemos enfrente. Pero seguimos caminando.
Por eso, no pierdas la fe. Nunca.
Por más negro y oscuro que se vea el cielo hoy, siempre termina saliendo el sol.
-Adrián de la Vega.


