En los últimos años he tenido mucho tiempo en soledad para pensar, analizar y cuestionarme muchas cosas. Durante ese proceso, me fui dando cuenta de que muchas de las cuestiones que tenía grabadas en la mente, como metas, gustos, juicios o pensamientos, realmente no eran mías.
Cuestionándome y analizando a profundidad, me percaté de que muchas habían sido instaladas en mí por terceros, ya fuera mi familia, amigos, círculo social o incluso el contenido que consumía.
Pero el pensamiento fue incluso más allá.
No solo me sucedía eso, sino que muchas de las cosas que perseguía como objetivos también surgían de sentimientos negativos que había transitado durante el pasado. Quizá alguna situación en la que no me sentí suficiente como ser humano y me obsesioné con demostrar lo contrario.
Cuando finalmente conseguí algunas de esas cosas, me percaté de que quizá debí haber perseguido esos objetivos desde un estado mental diferente. Desde un lugar más juguetón, buscando divertirme, experimentar y disfrutar el proceso. No tanto intentando probarles algo a los demás.
Pienso que, cuando te percatas de todo esto, una parte de tu mundo se rompe porque empiezas a cuestionarte muchas de las cosas que te rodean. Y descubres que quizá llevas años viviendo una vida que no es completamente tuya.
Inclusive algunos de tus gustos empiezan a sonar raros, como si realmente solo se hubieran metido en tu mente por costumbre o repetición, después de ver durante años que tu círculo social también los comparte.
Además, todo esto se vuelve aún más complicado con el alcance de la tecnología.
Cada día que pasa, las personas estamos perdiendo un poco más nuestra individualidad y personalidad. Todos vemos lo mismo, compramos lo mismo, deseamos lo mismo y sufrimos por lo mismo. Nuestras mentes empiezan a ser moldeadas dentro de una caja que parece rechazar las diferencias y particularidades.
Pienso que una respuesta frente a esto es desarrollar un criterio propio.
Pero realmente es un tema complejo porque, aunque intentes cultivarlo, tu lugar de nacimiento, familia, entorno y experiencias constituyen una especie de set predefinido que inevitablemente puede influir sobre ese pensamiento independiente que estás intentando construir.
Aun así, creo que tenemos que esforzarnos por quitarnos todas esas preconcepciones y juicios previos basados en nuestro contexto y experiencias pasadas para, por lo menos, intentar ver las cosas de una forma más objetiva.
Estoy seguro de que nuestras vidas cambiarían radicalmente.
Para mí, el arma más eficaz contra muchas de las cosas que están sucediendo en el mundo es el pensamiento propio. La individualidad. La lucha contra el conformismo. Cuestionarlo todo y alzar la voz cuando algo no nos hace sentido.
Parece que se la hemos puesto demasiado fácil a los mecanismos y costumbres que manejan nuestro día a día. Pareciera que ahora el ser humano acepta cosas e imposiciones de ciertos círculos que, por mucho menos, hace algunos años habrían provocado revueltas mayúsculas.
Persigue el pensamiento propio.
Cuestiona todo desde un lugar maduro y saca tus propias conclusiones. Intenta hacerlo de forma objetiva o, por lo menos, tan objetiva como puedas.
Quizá nunca podamos escapar completamente de aquello que nos moldeó.
Pero al menos podemos cuestionarlo.


