Historia filosófica de un conductor de Uber

Nota del autor: Estas publicaciones se presentan tal cual fueron escritas, sin ediciones, para preservar la autenticidad de los pensamientos del autor. Agradezco su comprensión ante cualquier error ortográfico o gramatical.

Antes de empezar, quisiera decirte a ti, conductor de Uber, que en caso de que algún día leas esto, espero que sea con una sonrisa en tu rostro por lo positivo que generaste en mí al abrirte y contarme tu relato. También quiero agradecerte por compartir conmigo esta historia, que me ha dejado momentos profundos de reflexión y mucha sabiduría respecto a la forma de vivir de nosotros, los seres humanos, de la muerte, así como del «más allá».

Ojalá tuvieras la oportunidad de transmitirle esta historia a más seres humanos. Estoy seguro que inspirarías a muchos y tus vivencias serían de gran ayuda para tus semejantes.

Esta historia va más allá del COVID. Es una historia de reflexión acerca de la vida, la muerte, la familia, el tiempo, entre otros.

¿Cómo empezó todo?

Era un martes por la mañana. Necesitaba ir a las calles del centro en busca de un proveedor. La mejor opción era, al ser una zona en la que no conocía estacionamientos, llegar en Uber, y posteriormente, encontrar un estacionamiento para las siguientes ocasiones.

La aplicación me conectó rápidamente con un conductor y el tiempo de llegada era el correcto. Todo parecía marchar de maravilla.

Me subí al Uber, le agradecí por haberme recogido e iniciamos el viaje.

Para hacer más amena la convivencia con el conductor, le pregunté acerca de la situación actual de la plataforma, derivado de los estragos económicos de la pandemia.

Me respondió que las cosas iban bastante bien. Que poco a poco se estaban registrando más usuarios, y que el número de viajes no hacía mas que aumentar.

Y le pregunté: ¿A ti ya te dio Covid?

Es aquí donde inicia una de las historias más bellas que he escuchado

Me dijo que sí, con una mirada de resignación. Tenía dos tapabocas, uno en la boca y otro en el cuello, situación que me pareció bastante inusual.

Posteriormente, le pregunté acerca de la fecha en la que había contraído la enfermedad y me dijo:

«Fui de los primeros casos de COVID y el primer paciente que salió vivo de un hospital

Su aseveración me pareció un poco… inusual, pero le di el beneficio de la duda. Permanecí callado a la espera de que continuara con su historia. Él, después de una pausa, siguió con su relato que es el siguiente:

Cuando arrancó la pandemia, decidió dejar de trabajar en Uber por los pocos usuarios activos en ese momento, y junto con su esposa, inició un pequeño emprendimiento en el cual ellos iban a la Central de Abastos, compraban frutas y verduras, y bajo pedido, llevaban esos productos a la casa de sus clientes.

Todo parecía marchar bien hasta que, un día después de visitar la Central de Abastos, la cual estaba repleta de personas que estornudaban y no utilizaban cubrebocas, comenzó a sentirse realmente mal.

En ese momento aún no llegaban las pruebas, por lo que, aún sin saber si realmente tenía la enfermedad o no, decidió ingresar directamente al Hospital de Nutrición. En él, le hicieron una prueba, y desafortunadamente, resultó positiva.

Su situación comenzó a empeorar, por lo que, el personal del Hospital de Nutrición decidió trasladarlo al Hospital General. Afortunadamente la pandemia aún comenzaba y existían camillas disponibles, a diferencia de lo que sucedió meses después, cuando encontrar una camilla era casi imposible.

Durante su estancia en el Hospital de Nutrición, su respiración era tan precaria, que ya necesitaba de tanques de oxígeno para seguir con vida. Es por eso que, durante su traslado al Hospital General, la ambulancia que lo llevaba, tuvo que llevar junto a él un tanque.

Su situación se empieza a complicar…

Llegando al Hospital general, y mientras la ambulancia realizaba el papeleo para su ingreso, el tanque de oxígeno que se encontraba arriba de la ambulancia se terminó. Él empezó a perder oxígeno y se encontraba al borde de la muerte.

Su hermano, que todo el trayecto fue siguiendo la ambulancia en su coche para verificar que no pasara nada malo, se percató de esto e ingreso con el personal del Hospital General a tratar de acelerar su ingreso, pero recibió negativas.

Preguntó por los tanques de oxígeno, y le comentaron que éstos se encontraban en el sótano del hospital, por lo que su hermano corrió hasta ahí para tomar uno, llevárselo a la ambulancia y conectárselo. Gracias a eso, pudo seguir con vida.

Infierno dentro del Hospital General

Una vez que sobrevivió el traslado e ingresó al hospital, su situación no hizo mas que empeorar. Tuvieron que inducirlo a coma, realizarle una traqueotomía y pasó varios meses bajo los efectos de drogas extremadamente potentes. Por esa razón contaba con dos cubrebocas. El de la garganta era para proteger el orificio que a penas estaba cerrando.

Lo primero que me explicó fue que la razón de ser de las drogas y el coma inducido, era porque si estás plenamente consciente cuando te falta tanto la respiración, tu ansiedad se eleva al máximo y te es insoportable la idea de no poder jalar aire correctamente, de no estar bien oxigenado, así que los doctores inducen a coma al paciente para mantenerlo estable.

Y después de esta explicación pronunció un frase que me heló la sangre: «El coma inducido es algo muy parecido a experimentar la muerte, a estar muerto».

¿Hay algo después de la muerte?

Mi primera pregunta fue:

-¿Qué es lo que sentiste estando «muerto»?

A lo que su respuesta fue: -¿Has visto la película de Gladiador?

-Sí. -Le contesté.

-¿Recuerdas la escena donde el gladiador llega a un campo de trigo después de morir?

-Sí. -Volví a pronunciar.

-Experimenté exactamente lo mismo. Una vez que estaba «muerto», en coma inducido, llegué a un campo de trigo enorme. Todas mis preocupaciones y miedos se fueron. Me encontraba realmente feliz y ahí estaba toda mi familia. Todos estaban felices y aplaudiéndome, mientras yo caminaba a través de los campos de trigo.

Aún escribiendo estas palabras, un escalofrío me recorre la espalda. No porque esté experimentando miedo con su historia, sino porque su relato fue tan vívido, tan honesto y tan real, que se quedó muy grabado en mi mente.

Era impresionante. ¿Cómo es posible que esos campos de trigo que había visto en sueños, que he narrado en algunos posts, que se inmortalizaron en una película, se le hubieran presentado a él, en su experiencia cercana con la muerte?

Y me hago la pregunta: «¿Esos campos de trigo serán el más allá? ¿Ese lugar de ensueño del que hemos escuchado tantas veces?»

Salida del hospital

Después de escuchar acerca de su experiencia en coma inducido, le pregunté respecto a su salida del hospital.

Me comentó que fue el primer paciente en salir con vida del hospital y que pudo regresar a su casa.

Su vida cambió por completo en un instante

Pero su vida había cambiado por completo. Se encontraba terriblemente débil, con un hoyo en la garganta, sin poder pronunciar palabra alguna y con muchos kilos menos.

El simple hecho de pararse representaba para él un esfuerzo enorme.

Se avergonzaba tanto de su estado físicio que se escondía de sus hijos. No quería que lo vieran tan débil.

Pero poco a poco comenzó a recuperarse, a comer mejor, a ir al gimnasio para recuperar tono físico y el orificio de su garganta comenzó a cerrarse. Algo muy cuirioso, dado que yo pensaba anteriormente que para que ese tipo de orificios se cerraran, era necesario coserlos, pero él me explicó que los orificios de la traqueotomía cierran por sí solos.

Regreso al mundo de los «vivos»

Cuando se sintió suficientemente fuerte para volver a conducir un coche, regresó a trabajar en Uber y su primer día fue algo extraordinario.

Me narró cómo el primer día de salir de nuevo a las calles en su coche, al ver el cielo azul, sentir el sol en su rostro y el viento, lágrimas comenzaron a derramarse por su rostro. Cosas que daba anteriormente por sentadas, por dadas, ahora parecían una belleza, un privilegio por poder experimentarlas.

Y en ese momento del relato, estuve a punto de derramar una lágrima, pero me contuve.

¿Qué aprendiste después de todo esto?

Después de escuchar su impresionante relato, le pregunté si su vida había cambiado, si había aprendido algo, a lo que el me respondió que sí. Me dijo que había aprendido muchas cosas.

Primero, a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida que a veces consideramos normales. A agradecer por poder trabajar, por poder moverte, por poder transportarte. A valorar a la familia y a quererlos día con día.

Pero lo más importante, es que aprendió a disfrutar de la vida…

El trayecto terminó, le agradecí por el viaje, y mucho más importante, por haberme transmitido su experiencia y su relato.

Para mí, ese fue uno de esos días surreales donde te enfrentas con una pregunta o reflexión demasiado profunda que ronda tu mente por días, y que al final, te convierte en una persona más sabia.

Lo curioso es, que ese relato llegó a mí, justo cuando lo necesitaba. Justo cuando estaba demasido estresado e impaciente por lograr algo, y no estaba disfrutando de mi día a día como debería de hacerlo.

Para mí, la vida tiene momentos sin explicación y este fue uno de ellos.

Gracias por compartirme este relato, conductor de Uber, y ahora, te lo transmito a ti, lector, en caso de que necesites escucharlo.

«Now we are free. I will see you again, but not yet… Not yet…»

-Ridley Scott, Gladiador.

Aquí puedes leer el post titulado «Pastizales», en el cual hablo de una experiencia similar con este mágico lugar.

-Adrián de la Vega.

P.D. Te dejo una de las canciones más bonitas de la pelicula «Gladiador» y la cual escché durante la escritura de este post:

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