Nota del autor: Estas publicaciones se presentan tal cual fueron escritas, sin ediciones, para preservar la autenticidad de los pensamientos del autor. Agradezco su comprensión ante cualquier error ortográfico o gramatical.
Recuerdo escuchar esta canción en el coche con mi madre. Ella siempre la ponía, ya que era una de sus canciones favoritas.
Y cada vez que la escuchaba, yo creaba en mi mente un mundo completo para contar la historia detrás de la canción.
Me imaginaba a mí, de un tamaño diminuto, en un lugar completamente negro y obscuro, lidiando con unos monstruos enormes, cuernudos y con una gran nariz. Eran una especie de alebrije gigante.
«Me da miedo la enormidad, donde nadie oye mi voz»: repetía en mi cabeza mientras me imaginaba gritando al vacío, sin ser escuchado.
Esa imagen de monstruo surgió de un alebrije «come pesadillas» que se encontraba en el papalote museo del niño.
Desde que lo vi de pequeño en una de mis visitas, me quedé impactado. Era algo aterrador, pero a la vez, intrigante.
Recuerdo aventarle una de mis peores pesadillas y verle moverse de una forma espantosa, mientras devoraba mi peor sueño y me liberaba de esas cadenas.
Y una vez que tuve un Ipod, pasaba tardes enteras escuchando esta canción en la obscuridad de mi cuarto, divirtiéndome mientras imaginaba el escenario una y otra vez .
Es una canción que hasta el día de hoy, forma parte importante de mi infancia, marcada por miles de momentos buenos y solamente unos cuantos malos.
-Adrián de la Vega.