Nota del autor: Estas publicaciones se presentan tal cual fueron escritas, sin ediciones, para preservar la autenticidad de los pensamientos del autor. Agradezco su comprensión ante cualquier error ortográfico o gramatical.
Asia, creo que tenemos cuentas pendientes.
¿Cuándo me volverás a abrir tus puertas?
Desde 2018 que te visité por primera vez, no he dejado de pensar en ti.
Ahí me perdí, pero también me encontré.
Fue como si un Adrián más maduro de una realidad alterna me estuviera esperando para juntarnos y regresar totalmente cambiados.
No sabía cómo estar solo y por eso hice el viaje en solitario. Ahora, estar solo es lo que más me llena en este mundo.
Pero a la vez, conecté con personas como nunca antes lo había hecho, de forma auténtica y real.
Sembraste en mí la idea de la meditación, y su práctica me ha cambiado de forma inigualable la vida.
En el momento que escuché los cantos de los monjes budistas, mi corazón se sintió pleno.
El cambio cultural tan drástico me abrió la mente y me hizo entender que hay un mundo entero allá fuera que no conozco y lo importante de ver más allá de mi realidad.
Me diste amistades y conversaciones con una profundidad que buscaba desde hace mucho tiempo, como agua de un manantial.
Al enfrentarme a lo desconocido constantemente y en solitario, me curaste de la ansiedad que cargaba como un costal de años pasados.
Me hiciste entender que yo podía resolver cualquier contratiempo que se me presentara, siempre y cuando mantuviera la actitud mental correcta.
Siento que aún hay una pieza de mi rompecabezas que sigue estando ahí, en algún país de los que me faltó recorrer.
Asia, búscame, que te estoy tratando de encontrar desde hace mucho tiempo.
-Adrián de la Vega.
