Murakami y la nostalgia

Nota del autor: Estas publicaciones se presentan tal cual fueron escritas, sin ediciones, para preservar la autenticidad de los pensamientos del autor. Agradezco su comprensión ante cualquier error ortográfico o gramatical.

Termino de leer un libro más de Haruki Murakami y siento que empiezo a descubrir un hilo conductor que cruza por cada una de sus novelas.

La novela que terminé fue: «Al sur de la frontera, al oeste del sol».

Desde que me atrapó con la excelente descripción de ambientes, los sentimientos de los protagonistas de la novela y el surrealismo que rodeaba «Tokio Blues», no pude dejar de elegir una nueva novela de este autor cada vez que quería descansar un poco de mis libros de conocimiento general o de mejora personal.

Creo que me sentí demasiado identificado con el estereotipo de protagonista que utiliza para sus novelas.

Reservado, callado, solitario y extremadamente diferente al resto del mundo.

Cada vez que leía sus novelas, mi cara aparecía en el protagonista.

Creo que es porque alguna vez encajé perfectamente en esa descripción, pero ahora no sabría decir si me sigo pareciendo o no.

Pero lo más importante, es que identifiqué un patrón que se repite en cada uno de sus libros. Un pensamiento del cual se desenredan la mayoría de los hechos y cuestiones de cada una de sus obras.

En realidad, podría dividirlo en dos: 1) La nostalgia y 2) la melancolía por envejecer.

En la mayoría de sus tramas, el protagonista principal recuerda días pasados como si fueran días de oro, épocas doradas sin un resquicio de tristeza, entintadas con un color tan brillante que deja fuera todo aquello que no sea bueno.

Y es algo con lo que me puedo identificar, y que, hasta hace unos años, sufría de la misma manera.

Me la pasaba recordando mi juventud con nostalgia, como si en esos días, no hubiera tenido problema alguno, como si todo hubiera marchado a la perfección y recordaba cada una de mis memorias con un ligero velo dorado que era cubierto por un sol perfecto, un sol que ya no existe.

Sí, eran épocas donde las cosas eran más sencillas. No tenía que tomar decisiones fuertes acerca de mi futuro, no entraban en la ecuación cuestiones laborales y mi mayor preocupación era no reprobar el año escolar, ya que me la pasaba pegado a la consola de video juegos, cuando en realidad tendría que haber estado cumpliendo con la poca tarea que nos dejaban.

Pero después de sentarme a analizar mis sentimientos, me di cuenta que siempre he hecho lo mismo. Incluso en esas épocas, volteaba al pasado y recordaba años anteriores como si fueran mejores a lo que estaba viviendo en esos momentos.

Es más, en esos años, pasé por cambios muy fuertes, y en muchos momentos de mi juventud, me sentí un poco triste.

Y creo que el ser humano tiende a sufrir de ese mal. El mal de recordar todo con nostalgia.

Pero lo recordamos con nostalgia porque normalmente, solo nos enfocamos en las partes bonitas de esos años de añoranza, dejando atrás las partes negativas que lo acompañaron y las cuales están en cualquier etapa de nuestras vidas.

Siempre habrá luz y obscuridad en nuestras vidas, lo único que cambia, es la perspectiva que tenemos acerca de la misma y la actitud que tengamos en ella.

Es por eso que decidí enfocarme en vivir más en el presente y ser consciente de las bendiciones y cosas buenas con las que cuento en este momento, que son muchas y que normalmente, pesan mucho más en la balanza en comparación con las malas.

Así podré decir que disfruté de todos los años de mi vida y dejaré de perder el tiempo mirando al pasado.

Y el segundo pensamiento que identifico en las novelas de Murakami es la melancolía por envejecer.

Constantemente hace alusiones al cuerpo de los protagonistas, las arrugas, las oportunidades perdidas, el tiempo desperdiciado, etc.

Y también me sentí identificado. Hace unos años, me aterraba cumplir más de veinticinco años. Ahora, los años pasaron muy rápido, pero lo que he aprendido y lo que he madurado internamente, me hace sentir orgulloso.

Creo que a veces somos demasiado críticos con nosotros mismos y nos reprochamos nuestras actuaciones en momentos pasados de nuestras vidas, pero dejamos de ver el momento emocional por el que estábamos pasando, los cambios que nos estaban sucediendo y las circunstancias de nuestra vida en esos momentos.

Es fácil decir: «Si hubiera sabido lo que sé ahora, hubiera actuado diferente».

Pero temo decirte que eso lo dirás por el resto de tus días.

Cada momento que pasa, estamos evolucionando como seres humanos. Nuestro conocimiento va aumentando, nuestra experiencia se va haciendo mayor y nuestra inteligencia se va expandiendo, es por eso que es inútil reprocharnos alguna decisión del pasado.

Lo único que podemos hacer, es dar lo mejor de nosotros mismos y meditar con mucho ahínco cada una de las decisiones importantes que tenemos que tomar, para poder quitar esa carga mental de nuestros hombros en caso de que algo no haya salido como esperábamos.

Lo anterior, ya que podremos decir que en el momento que decidimos eso, pensábamos que era lo mejor para nosotros y para nuestra vida.

Al final, creo que Murakami nos prepara para la vida adulta de forma indirecta y a través de su surrealismo.

Pero no nos prepara en un tono negativo o de desesperanza. Al contrario, nos incita a seguir persiguiendo aquellos sueños que tuvimos desde que fuimos niños, a no dejarnos caer en la rutina, a no perder el rumbo de nuestras vidas por no tomar decisiones y terminar en lugares que se vuelven monótonos y sin vida.

Nos motiva a seguir buscando lo que queremos a pesar de las dificultades y cambios de ruta que nos suceden a cada uno de nosotros.

Y por eso, creo que Murakami es un genio.

La forma en que escribe, es una clara referencia para mí en cuanto a descripciones de personajes, así como de los sentimientos de los protagonistas y personajes secundarios.

Y es en este punto, donde Murakami se parece mucho a Carlos Ruiz Zafón, ya que cuentan con un don divino para transmitir cosas al lector y he disfrutado cada segundo que le he dedicado a sus obras. Sin duda, dos de mis autores favoritos.

Solo me queda darle las gracias a Murakami por las reflexiones que me ha dejado y lo bien que la he pasado recorriendo sus tramas.

-Adrián de la Vega.

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