El duelo por un amigo también rompe el corazón

Hoy en día, contar con amistades verdaderas, que realmente estén ahí para ti, se está volviendo cada vez más difícil. La conexión, o desconexión digital, como me gusta llamarla, está ocasionando que muchas veces invirtamos más tiempo en nuestro avatar digital que en lo que realmente importa: construir una relación. Y esto aplica tanto para las relaciones de amistad como para las de amor.

Cuando las cosas se ponen complicadas o surge alguna diferencia, nos da pereza tener ese tipo de conversaciones incómodas. Las evadimos y preferimos dar media vuelta e irnos.

Si cuentas con algunas amistades, aunque sea una, que puedas considerar como verdadera, trata de nutrirla y cuidarla. Si sabes muy bien que esa persona estaría para ti en una ocasión difícil, déjame decirte que cuentas con oro puro.

Pero también es muy cierto que, en ocasiones, esas relaciones en las que te recargas durante las complicaciones del día pueden romperse. Por simples desacuerdos, por traiciones o porque, simplemente, las dos personas tomaron rumbos muy diferentes y dejaron de conectar. Tenemos que ser conscientes de ello y saber que, en algún punto, nos tocará vivir el duelo de una amistad.

Cuando valoras mucho a una persona, hasta el punto de que se convierta en parte de tu familia, su partida duele y deja un vacío enorme en el corazón. Nosotros, como hombres, no solemos aceptar que la marcha de una amistad masculina nos duele, que el distanciamiento o la traición nos afectan. Pero, al final, en esas amistades se construye un vínculo fuerte, de confianza y cariño. Perderlo y sentirse dolido es humano.

Aun así, lo único que nos queda, si queremos comportarnos con madurez, es agradecer por los momentos compartidos, desear siempre cosas buenas a quienes ya no están en nuestra vida y nunca guardar rencor. Todo es transitorio en esta vida y hay que agradecerles por haber caminado con nosotros durante ese periodo de nuestra existencia, aunque hoy ya no estén.

Las relaciones humanas son complicadas, tortuosas y requieren mucho tiempo y esfuerzo. Y deberían serlo. Es totalmente normal. Construir algo verdadero, que dure y que se sostenga, lleva tiempo, momentos incómodos, discusiones, desacuerdos, pero también mucho cariño y fe.

Así que dales la importancia que merecen esas amistades verdaderas con las que sabes que puedes contar.

-Adrián de la Vega

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