Dios, karma, religión, astrología, autoayuda, ejercicio… cualquier camino que te haga una mejor persona es válido.

Últimamente me he percatado de una clara guerra ideológica en cuanto a diversas creencias y prácticas de los seres humanos. La autoayuda es una basura, tu creencia es una tontería, tu religión no es la correcta pero la mía sí, tu Dios es falso, etcétera.

Hace algunos años, cuando entendí que no estaba contento con mi vida, decidí comenzar a leer libros de autoayuda y a escuchar contenido de mejora personal. 

Recuerdo muy bien que uno de mis “mejores amigos” se burló y criticó mis acciones, argumentando que “eso no servía” y que cuando personas de otro contexto lo utilizaban para mejorar, no podrían hacerlo, debido a que el determinismo social era lo que realmente movía nuestra vida, dejando a un lado cientos y cientos de casos de personas que han hecho cosas maravillosas y se han comprometido a cambiar su vida.

Desde ahí entendí dos cosas muy importantes. La primera: aléjate lo más lejos que puedas de personas que te critican cuando quieres mejorar o cuando das pasos para convertirte en un mejor ser humano. La segunda, que es la reflexión de este escrito: todo lo que te convierta en una buena persona es válido. Por más extraña que parezca una actividad, aunque sea una creencia diferente a lo catalogado como común, respétala.

Mientras la persona no esté afectando la vida de los demás y lo que practique la convierta en alguien con mejores valores, más empatía, honesta y bondadosa, está haciendo mucho más que aquellos que solo critican.

También comencé a ver a personas que, por practicar una religión, se excusaban de sus actitudes mediocres y dañinas en su día a día. Comprendí que prefiero convivir con alguien que sea simplemente una “buena persona”, antes que con quien enmascare su verdadero ser con alguna práctica.

Nos falta mucha empatía en días como estos. Algo no encuadra en nuestra visión de la vida y lo tachamos de inmediato, dejando a un lado el aspecto humano y personal de la otra persona. Juzgamos sin conocer historias ni el trasfondo de las cosas.

Así que ahora, cuando alguien me cuenta acerca de cualquier actividad, práctica o idea que la está haciendo una mejor persona, yo solo me inclino y hago una reverencia por la valentía y las ganas de convertirse en alguien mejor.

—Adrián de la Vega.

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