«Amor, odio, placer supremo, dolor supremo, vida y muerte, todo aquí para ser disfrutado ante nuestros propios ojos.»
Una de las frases que más me gusta del anime Berserk. La dice Slan, la única miembro femenina de “La Mano de Dios”, cuando Guts, el protagonista principal, está experimentando uno de los momentos más dolorosos de la historia, hasta ese punto.
Pienso que esa frase traduce mucho de lo que significa la experiencia humana, esa montaña rusa de vivencias y sentimientos, donde en ciertos instantes estamos arriba y después nos encontramos abajo. Intentamos entender el porqué, pero lo único que realmente logramos comprender al final es la diversidad de la vida.
Todos, o casi todos, experimentaremos ese tipo de sensaciones en algún punto del camino. Al final, lo que debemos llegar a comprender, y lo único que puede formar parte de nuestro razonamiento, es la sabiduría que existe en cada una de esas experiencias.
Entender que incluso en aquellos momentos en los que nos preguntamos “¿por qué yo?, ¿por qué me sucedió esto?”, existe una gema sagrada de conocimiento ahí.
El anime resulta un choque visual y experimental, debido a la oscuridad y fuerza de sus escenas y protagonistas. No me considero uno de los mayores fans de la serie, pero sí creo que se trata de una gran obra, de Kentaro Miura.
La obra se siente tan humana en algunos puntos, con experiencias en las que todos nos podemos sentir identificados: amor, miedo, traición, violencia, felicidad, insatisfacción. Eso hace que conectemos fuertemente con los personajes.
Pero hay dos puntos que rescato de la serie y que considero que son aquellos con los que debemos quedarnos todos: la resiliencia, que es seguir luchando y persistiendo a pesar de todo, y segundo, la bondad, a pesar de estar rodeados de maldad, ya que su luz siempre brilla y opaca todo lo demás.
—Adrián de la Vega.


