La deuda que dejamos a nuestros hijos varones

¿Por qué deberías romper la burbuja de tu hijo varón?

Fuerte disclaimer: No soy padre y no me siento nadie importante como para dar un consejo directo, pero por mi experiencia, testimonios de otros hombres y observación, he llegado a esta conclusión y creo que podría ayudarte.

Un padre pasa toda su vida construyendo un castillo alrededor de sus hijos. Uno donde nada de lo que él conoce del exterior, aquello que es maligno, logre entrar. También busca deshacerse de actitudes y comportamientos que a él le hicieron sufrir. Jura que no lo repetirá con sus propios hijos.

En la gran mayoría de las ocasiones, se logra con éxito. El hijo crece en un hogar lleno de amor, bondad y dulzura. Una misión exitosa… hasta el momento.

El problema sucede cuando estos hijos, protegidos, mimados y con la realidad alterada, salen al mundo real. ¿Qué se encuentran? Un lugar hostil, frío, lleno de gente maligna, dispuesta a hacer cualquier cosa por satisfacer sus deseos y sueños.

Algo dentro de ese niño se rompe poco a poco. Es como si él, siendo una figura de cristal, cayera al suelo y se rompiera en mil pedazos. Se reconstruye, pero dentro, algo siempre se quedará roto, frío, distante. Le costará entender el mundo.

Constantemente se preguntará: ¿por qué las cosas son así? Si yo nunca vi eso en mis años de niñez y juventud.

Confundido, con miedo y temor, le tocará navegar por este lugar llamado “mundo real”. Claro que, para el niño, le parecerá una pesadilla, salida directamente de su sueño más terrible, aquel que tuvo cuando le dio una fiebre muy fuerte de pequeño.

Si las cosas salen bien, el joven intentará mantenerse en el camino del bien. Piensa que, aunque ve a los malos triunfar y a las personas hacer atrocidades, eso no va con lo que él es, y que en el fondo seguirá siendo bueno. Pero en muchos otros casos, estos hombres se convertirán en los mismos monstruos que alguna vez vieron y los dejaron paralizados. Una táctica para sobrevivir en este mundo ajetreado.

Es ahí donde entra el rol del padre. Hay una edad en la cual el joven ya no es un niño y poco a poco se puede ir siendo un guía para él, haciéndole entender cómo funcionan muchas cosas del mundo real, lo que significa un camino de bien y valores, y cómo distinguir lo que realmente tiene valor y no aquellas piedras relucientes que terminan siendo carbón.

El padre no solo debe proveer, debe acompañar, guiar, ayudar a transitar al niño hacia la juventud y dar los primeros pasos hacia la adultez, para convertirlo en un hombre.

Sin embargo, hoy en día, la mayoría de los jóvenes crecen sin padre, no porque su padre los haya abandonado o porque no los haya proveído de cuestiones materiales, sino porque no tuvieron una figura en la cual confiar, recargarse y pedir ayuda ante las diversas confusiones del crecimiento humano.

Es necesario que los hombres asumamos más responsabilidad hacia los otros hombres. Aunque no seas padre, seguro que eres hermano, tío, primo, etcétera. Allá afuera hay un hombre confundido que estaría encantado de tener a un hombre adulto al que podría considerar un amigo o un tutor.

Estoy seguro de que a ti te hubiera encantado y, si lo tuviste, qué dicha. Haz eco de tu experiencia y vívela con otro hombre.

Apoyémonos entre nosotros, que parece que hoy la masculinidad se está intentando arrojar a un cobertizo sucio y al olvido.

La masculinidad ha sido artífice de grandes cosas en la historia de la humanidad. Así que no podemos dejarla morir.

Sé un hombre. Ayuda a los demás.

-Adrián de la Vega.

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