El Arbiter de Halo: de antagonista a protagonista, un arco casi perfecto

La religión siempre ha sido uno de los temas más importantes y controversiales de la humanidad.

En ocasiones ha sido utilizada para manipular a las masas, hacerles creer cosas erróneas u obtener un beneficio económico de su parte.

Halo, ese “videojuego de niños pequeños” sobre un hombre con una armadura disparando a alienígenas, aunque no lo creas, tiene escritores extremadamente talentosos. De pequeño no entendía por qué me gustaba tanto la historia de este personaje ni por qué era mi favorito.

Su historia se resume así: un militar alienígena, un sangheili perteneciente a una raza extraterrestre, sufre una derrota contundente a manos del protagonista principal, el “Demonio”. Así llaman al humano con el traje que destruyó uno de los anillos, de ahí el nombre Halo. Para esta raza, dicho anillo es un objeto divino, un artefacto destinado a iniciar el Gran Viaje.

Tras la derrota, es condenado a tortura pública y encarcelamiento. Sin embargo, los profetas, aquellos que se supone conocen mejor la religión que profesan, le ofrecen una supuesta salvación: convertirse en el Arbiter, o “Inquisidor” en español. Se trata de un rango militar único, otorgado a un solo individuo, que pasa a ser su arma personal y se encarga de las misiones más importantes de los profetas.

El sangheili acepta y su primera misión es silenciar a un hereje que se ha vuelto muy popular y que ha estado difundiendo que el Gran Viaje es una tontería. Después de varias misiones peligrosas, los profetas lo traicionan y lo dan por muerto.

Pero sobrevive y comienza a darse cuenta de que muchas de las cosas que le han enseñado toda su vida son mentira. Activar el artefacto divino no significa salvación, sino poner en marcha un arma que acabaría con el universo.

Es una historia bellísima, ya que narra las vivencias de un renegado que ha sido ultrajado y traicionado y que, a base de su propio criterio, comienza una búsqueda personal de la verdad.

La reflexión que nos deja esta historia es lo influenciables que pueden ser los individuos, el peso del absolutismo y el dogma de las ideas, y la importancia de siempre buscar sabiduría y verdad, incluso cuando esto implique enfrentar realidades dolorosas.

Si no juegas videojuegos, como yo que los dejé hace algunos años, al menos mira las secuencias cinematográficas que están en YouTube. Una gran obra de arte.

—Adrián de la Vega

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