«E»… pensé que eras tú

Nota del autor: Esta es una historia ficticia… ¿o no?

E… después de muchísimos años, comencé a sentir que la vida amorosa tenía de nuevo sentido.

Tus preguntas constantes y cuestionamientos acerca de mi forma de pensar, tus platicas interminables y tu risa pesada, me llevaban a un túnel que parecía de color rosa y lleno de nubes flotando alrededor.

Cada salida la disfrutamos más que la anterior. Me enseñaste muchas cosas valiosas, entre ellas, la diferencia entre dar consejos y ofrecer tranquilidad emocional, además de hacerme entender que, lo que me incendia por dentro, es una mujer que me haga hablar, que me pregunte, que me cuestione. Porque estoy el 85% del tiempo en mi mente, dando vueltas, planeando, recorriendo caminos, buscando la formula final, entendiendo el resultado de decisiones, pero tú… tú me sacabas de ahí y me hacías contestarte con mucha energía acerca de mis creencias, mis vivencias, mis luchas.

Tu inteligencia emocional era impresionante. Nunca había conocido a alguien que estuviera tan centrada y se conociera tanto como yo a mí mismo.

Pero todo tiene un desenlace, que puede ser bueno o malo, y el nuestro no fue el que me hubiera gustado. La noche en la que me disponía a pedirte que camináramos juntos de la mano en esta vida, nos separamos y todo se rompió.

Con firmeza y determinación te dije que no podíamos seguir si las cosas serían así… y todo terminó.

Y en las noches de explosión de energía, después de un día pesado de trabajo, cuando estoy rumiando acerca de mis decisiones y consecuencias, me viene a la mente esa escena de la serie televisiva “Vikingos”, en la cual, Ragnar alucina con su primer hogar, su primera esposa y, aunque no lo dice explícitamente, se puede ver un poco de arrepentimiento en sus decisiones. La alucinación le ocurre mientras va camino a una de sus últimas batallas, ha perdido la mente debido al uso de drogas para mantenerse activo y su ejército ha comenzado a dudar de él.

Y te veo ahí mismo, en esa orilla de la playa, pidiéndome que regrese con un gesto de tu mano, mientras a tus espaldas, se encuentra la casa que había construido en mi mente para nosotros y otras cosas más que no puedo mencionar, pero sé que no hay regreso.

Me da la impresión de que serás la última mujer que en realidad me atraerá para algo formal y para compartir la vida. Creo que los hilos del destino están tejiendo uno solitario para mí. Este camino está hecho para recorrerlo solo y he aceptado mi destino con buena gana y con una sonrisa.

Te deseo lo mejor, querida E, tu alma es pura. Eres un ser al que el mundo debe de proteger y me hubiera gustado ser yo tu protector.

Adrián de la Vega

Artículos Relacionados