Nota del autor: Estas publicaciones se presentan tal cual fueron escritas, sin ediciones, para preservar la autenticidad de los pensamientos del autor. Agradezco su comprensión ante cualquier error ortográfico o gramatical.
Sugeriste un plan muy poco común que incluía actividades que me gustan mucho, pero que no haría con cualquiera, solamente con una persona a la cual le tengo mucha confianza.
Pero algo me hizo aceptarlo sin rechistar.
Y ahora, ese sábado pasará a mi memoria como uno de esos días que parecen haberse escrito para una película.
El sol tenía un tinte diferente, el cielo se encontraba más azul de normal y las pocas nubes que transitaban se veían más esponjadas de lo normal.
Y cada vez que abría mi corazón para contarte acerca de mí, me sentía arropado, escuchado y comprendido.
Fue como entrar a una casa diferente a la mía, pero que al mismo tiempo se sentía demasiado familiar.
Tus ojos y tu sonrisa me invitaban a mostrarte mi interior, a mostrarte lo bueno, pero también lo que realmente me asusta.
Acepté hacerlo y el día se convirtió en uno de los más auténticos que he tenido en mucho tiempo.
Al final de la noche, mientras escuchaba mis canciones favoritas y nos veíamos fijamente a los ojos cuando platicábamos, un velo extraño cubrió la habitación, era como si las luces se hicieran más tenues. Aún no logro comprender qué fue lo que pasó exactamente en ese momento, solo sé que la realidad se modificó.
No sé qué pasará, pero para mí fue un día muy especial que se quedará en mi memoria por mucho tiempo.
-Adrián de la Vega.