Demonio mío

Nota del autor: Estas publicaciones se presentan tal cual fueron escritas, sin ediciones, para preservar la autenticidad de los pensamientos del autor. Agradezco su comprensión ante cualquier error ortográfico o gramatical.

Un demonio ha crecido demasiado… me está controlando y no me deja en paz.

Abraza mi mente y me sigue en cada paso que doy.

Se ríe de mí en cada movimiento y me hace sentir insatisfecho.

Me hunde sus uñas cada mañana, obligándome a encontrar la forma de conseguir lo que quiero, lo que necesito.

Susurra a mi oído con una sonrisa burlona todo lo que me falta por conseguir, todo los pasos que me faltan dar para llegar a mis metas.

No disfruto a la gente, no disfruto mi moto, no disfruto a mi familia, no me disfruto a mí mismo.

Y hay días que me gustaría dejarlo ganar, pero creo que hacemos buen equipo en algunas cosas. Por ejemplo, con su ayuda pude terminar un libro y construir un negocio desde cero.

Pero estoy agotado…

Hay momentos que quisiera soltar el control y dejarlo apoderarse por completo.

Pero me da miedo en quien me pueda convertir, en quien nos pudiéramos convertir más bien…

Una máquina fría de objetivos, sin humanidad, sin descansar y sin relajarse un solo segundo.

Y me vuelven a la cabeza esas fantasías mías de vivir en un campo o en un bosque, en una casa solitaria.

Sin preocupación alguna, sin que nadie me conozca, sin contacto humano.

Libros, naturaleza, trabajo manual y mi cabeza… libre de demonios.

Esa casa aparece en mis sueños y parece una guarida, un escape, un puente al cielo.

Puedo sentir el calor de la chimenea y un perro que mueve la cola, esperando a que su amo regrese.

Pero las puertas de esa casa se cierran y siento que algo me ahoga, jalándome de regreso.

Demonio mío, dame un día de paz… es todo lo que te pido…

-Adrián de la Vega.

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