Nota del autor: Estas publicaciones se presentan tal cual fueron escritas, sin ediciones, para preservar la autenticidad de los pensamientos del autor. Agradezco su comprensión ante cualquier error ortográfico o gramatical.
Estuve pensando varias semanas si compartir o no este post. Pensaba que era muy personal, pero de eso se trata esto, abrirnos con nuestros semejantes, exponer nuestros sentimientos y poder tocar el corazón de otros, así es que aquí va:
Hay noches que me llegan memorias del viejo Adrián. El Adrián de hace unos años.
De sus actitudes, de sus pensamientos, de sus reacciones y de sus acciones.
Y no lo reconozco.
Recuerdo contrariado todo lo que alguna vez fui.
Porque las cosas han cambiado demasiado.
Antes culpaba a los demás por algún contratiempo, ahora tomo responsabilidad al cien por ciento de mi ser y me enfoco totalmente en ser una buena persona.
También recuerdo a personas con las que alguna vez compartí algo y me arrepiento.
Me arrepiento porque seguramente muchas de esas personas se quedaron con una mala impresión de mi persona. Mis actitudes no eran un reflejo de lo que predico en estos tiempos.
Pienso que si nos hubiéramos conocido en estos momentos, tendría la oportunidad de marcar su vida de forma positiva con alguna sonrisa, apoyo, consejo o frase.
Pero no hay vuelta atrás en este juego llamado vida. No hay puntos de guardado para repetir una parte de ella de la cual no estamos totalmente contentos.
Pero arrepentirse tampoco trae nada bueno y es una perdida del recurso mas valioso de este mundo: el tiempo.
Lo único que me queda, es seguir mejorando constantemente para mí y para los demás, con la misión de dejar algo bueno en mi paso por esta vida.
En el fondo siempre fui una buena persona, no me gustaban las injusticias y sufría al ver la tristeza de los demás, pero nunca quise reconocerlo.
No te reconocía, ahora si…
-Adrián de la Vega.