Nota del autor: Estas publicaciones se presentan tal cual fueron escritas, sin ediciones, para preservar la autenticidad de los pensamientos del autor. Agradezco su comprensión ante cualquier error ortográfico o gramatical.
La noche empieza a caer. El viento sopla muy fuerte en mí dirección y los árboles se mueven bruscamente a mí al rededor.
La lluvia empieza a caer y decido que es momento de buscar un refugio.
Después de meditar unos minutos, me siento relajado y con la cabeza ligera. Es momento de partir.
Pero la lluvia ha cambiado mis planes, aún no es de noche, pero las nubes y el mal tiempo hacen parecer que sí.
Decido ir a Greenville, en busca de una taberna para esperar que la lluvia pase, o por lo menos, que se aligere un poco.
Con el viento y la lluvia, la visibilidad hará mucho más difícil la caza de hoy.
Regreso por el camino que tomé para entrar a la parte del bosque en la que me encontraba, alejada del camino principal. Llegando al camino principal, veo que mi caballo sigue atado al poste y emite un ligero sonido cuando me siente aproximándome. No le gustan las lluvias.
-Shhh, shhh. Tranquilo, vamos a buscar un refugio para que pase la lluvia. -Le digo mientras le doy una palmada en el lomo.
Monto el caballo y con un golpe en el costado, le hago la señal para que empecemos a avanzar.
Greenville se encuentra a unos pocos kilómetros de aquí y queda de paso hacia la parte del bosque obscuro en donde se vio por última vez a la criatura, si es que puedo llamarle así.
A mitad del camino, la lluvia empeora, parece que el cielo se está cayendo y el caballo se pone más nervioso.
Acaricio su lomo para que entienda que sigo estando con el.
El sonido del viento es violento y parece que trata de decirme algo. Me es familiar ese sonido, ya lo había escuchado en otro contrato que acepté, pero no logro recordar en cual.
El caballo acelera el paso y siento como mi espada que se encuentra en mi espalda, brinca violentamente en su funda, golpeando mi costado. Decido quitarla y amarrarla a la bolsa del lado derecho del caballo.
Empiezo a visualizar Greenville. Las luces ya están encendidas y quedan escasos metros. Me coloco la capa para cubrir mi rostro, prefiero no llamar la atención en estos momentos.
Las pisadas del caballo se escuchan más cuando empezamos a entrar a un camino empedrado.
Entro al pueblo y la mayoría de los aldeanos están en sus casas, puedo ver luces dentro de cada uno de los hogares.
Sigo adelante y busco el letrero de una taberna, hasta que encuentro uno.
«El colmillo blanco»
-¡Ah! ¿Ves? El camino no ha sido tan largo. -Digo.
El caballo rechina.
Veo el edificio. Del lado derecho está el establo para visitas. Me acerco a él.
Bajo del caballo y con el lazo, lo amarro. Tomo la espada de su costado, me la amarro a la espalda y la coloco debajo de la capa, para evitar miradas.
-Estarás cubierto bajo este techo, no te pasara nada. No tardaré mucho, esperemos que la lluvia pase rápido. -Le digo con una última palmada en el lomo antes de dejarlo.
Entro a la taberna y veo que hay demasiadas personas. Mala señal para mí. Busco una mesa al fondo mientras camino discretamente entre las mesas. Todos están hablando fuertemente, bebiendo grandes cantidades de cerveza y dos hombres en una mesa están empezando a pelear.
Me siento en la mesa del fondo, donde las velas no alcanzan a alumbrar tanto. En cuanto me quito la capucha, una mujer se me acerca.
-Bienvenido al colmillo blanco, ¿qué desea? -Me dice la mujer.
-Dame una cerveza en tarro grande.
-Con todo gusto y perdone las molestias. Sacaremos a los hombres que están peleando de inmediato.
-No te preocupes, se da en todas las tabernas. -Le digo con una sonrisa en el rostro.
La mujer sonríe y se va a la barra.
Acaricio mi barba, está mojada por la lluvia que ha caído. Aún se escuchan las gotas en el edficio, significa que no ha parado.
La mesera vuelve con el tarro de cerveza, lo coloca en la mesa y se va.
-Gracias. -Le digo.
El primer trago es como si me regresaran al mundo de los vivos. La sed que tenía era bastante y el cansancio no ayudaban en nada.
Me pregunto si debería pedir algo de comer. La mayoría de las veces, la comida de las tabernas no es nada buena. Es preparada con ingredientes de baja calidad y no me dan los nutrientes necesarios para la caza.
Alzo la mano y llamo a la mujer. Ella se acerca rápidamente.
-Si, dígame.
-¿Que tienes de comer? -Le pregunto.
-Tenemos una tabla de quesos con frutos o estofado de la casa.
-¿El estofado tiene carne?
-Ternera, para ser más específicos. Es por eso el precio elevado.
-Trae un plato de estofado, por favor.
-Enseguida.
La mujer se acerca con el plato de estofado. El humo asciende y va dejando una trayectoria por toda la taberna. Lo coloca en la mesa, en frente de mi y el olor es impresionante.
No logro distinguir si es la falta de alimento o de verdad tiene un aroma bastante agradable.
-Disfrútelo. Si necesita otra cerveza, llámeme.
-Muchas gracias.
Devoro el plato de estofado, es realmente bueno y empiezo a sentir cómo la carne y las verduras van llenando mi organismo de nutrientes.
Lo termino sin beber un sorbo de cerveza.
Utilizo la cuchara para poder comer hasta el último resto del guiso.
Termino y continuó con la cerveza. Ahora tengo mucha sed.
Veo que un hombre se va acercando a mi mesa. Con un aura de nerviosismo y preocupación.
Lentamente coloco mi mano en el mango de mi espada, teniendo que levantar un poco la capa y dejando que los demás puedan verla.
-¿Puedo sentarme? -Me pregunta.
Asiento sin decir una palabra.
El hombre se sienta lentamente, volteando a los lados y analizando si alguien nos está viendo o vigilando. Sigue nervioso y no sé qué es lo que quiera.
-Bonita espada, logré verla desde que entraste a la taberna, pero ahora que puedo ver el mango, sé que es una espada de cazador.
-¿Cómo sabes que es una espada de cazador? -Le pregunto.
-Más largas, más gruesas, más afiladas y con diseños mas estilizados.
-Conoces bien de armas.
-Es correcto, ¿eres un cazador? ¿o solo compraste esa arma?
-Por qué te interesa saberlo.
-Tienes pinta de ser un cazador. Sé identificarlos porque cada día quedan menos y ustedes tienen un aura, especial, digamos. Y me interesa porque yo he convocado a uno.
-¿Para que asunto?
-Un contrato.
-¿Que tipo de contrato?
-La caza de un demonio o un monstruo, no sabría decírtelo. En ese tema, no sé distinguir, a diferencia de los demás.
-¿Colocaste tu anuncio en la pared de Steligrad?
-Ahí mismo. De hecho, me hablaron de ti. ¿Eres el cazador arábigo?
-¿Ahora me dicen así en estos tiempos?
-Si, la gente te conoce en los alrededores por eso. Y te identifican por tus ojos y tu barba.
-Efectivamente, soy yo. ¿Eres tú con quien puedo hablar del contrato?
-Si, me llamo Dave. La criatura mató a mi esposa y a mi hijo hace dos meses y la semana pasada, nos atacó a mi hermano y a mí en el bosque obscuro. Logramos escapar, pero mi hermano tiene heridas graves en el brazo y ha perdido la cabeza. Tiene miedo de la obscuridad, de salir de su casa.
-¿Y qué vieron?
-Te lo diré, pero primero, vayamos a mi casa. No todas las personas creen en ese tipo de criaturas y preferiría contártelo a detalle. ¿Quieres algo más o podemos irnos?
-Estoy listo.
Dave asiente y llama a la mesera. Ella se acerca.
-¿Cuánto es cariño? -Pregunta Dave.
-Dos monedas de plata, por favor.
Dave entrega las monedas y le tomo el brazo, para evitar que pague.
-No te preocupes, esta la pago yo. Tú me pagarás enormemente si puedes matar a ese demonio.
-Está bien. -Le digo.
Salimos de la taberna hacia el establo y me dice:
-Sígueme, son veinte minutos de camino, no más.
Asiento con la cabeza y subo a mi caballo. La lluvia ha parado. No pensaba que fuera a entrevistarme primero con el contratista. Normalmente primero mato a las criaturas, y después me siento a negociar el precio. No me gusta convivir mucho con las personas. A veces hago excepciones cuando el demonio o la criatura son muy peligrsos, pero no suele pasar muy seguido. Muchas veces son monstruos del pantano, que se matan fácilmente, pero que las personas no se enfrentan a ellos por su aspecto espantoso.
Llegamos a un poblado con algunas casas.
-Es aquí, deja tu caballo en nuestro establo.
Entrando al establo, se encuentra una joven parada, esperando.
-Dave, ¿es el? ¿logaste traerlo?
-Es el Mary, pero primero tenemos que hablar, ¿nos podrías llevar cerveza a mi casa?
-Claro.
-Buenas tardes señora. -Le digo.
-Buenas tardes, muchas gracias por venir. Se lo agradecemos enormemente.
-Con gusto.
Entramos a la casa y me quito la capucha y la capa. La dejo en un colgador cerca de la puerta. La mesa de la cocina está alumbrada por algunas velas, pero no hay mucha visibilidad.
-¡Vaya! Tienes un gran tamaño. No pensé que los cazadores fueran tan musculosos. -Me dice Dave.
-Tenemos que estarlo, es más fácil pelear estando en forma, más seguro.
-Y tu armadura es impresionante, siéntate por favor.
Me siento y dejo la espada en la mesa.
-¿Es cierto que ustedes los cazadores no son humanos?
Me rio en fuerte.
-No, no. Somos humanos, solamente que somos sometidos a entrenamientos poco humanos, de gran rudeza y dificultad. Por eso, podemos realizar cosas que no son comunes en los humanos.
-Ya veo.
Mary entra a la casa y deja los tarros de cerveza en la mesa.
-Gracias señora. -Le digo.
-Adelante, beba lo que usted quiera. -Me responde.
Mary se sienta en la mesa.
-¿Salvará a mi esposo?
Arqueo las cejas, contrariado por su pregunta.
-¿Qué es lo que tiene su esposo?
-Desde que él y Dave vieron a esa criatura, ha perdido la cabeza, habla solo, tiene miedo de todo y sus heridas no se curan rápidamente.
-Lo siento señora, tendrá que llevarlo al doctor para las heridas. Respecto a su estado mental, probablemente entró en shock al ver a la criatura, no todos los seres humanos están preparados para ver semejantes cosas. Yo estoy aquí para ahuyentar o matar a esa cosa.
-Ya veo. -Dice Mary, bajando los ojos y con semblante triste.
-Ahora, cuéntame un poco más de esa criatura Dave.
Todo empezó hace dos meses. Mi esposa y mi hijo se adentraron en el bosque obscuro en búsqueda de comida. Escuché gritos agudos y tormentosos desde esta casa y salí corriendo, siguiendo el sonido.
Cuando llegué al lugar de dónde provenían los sonidos. Mi esposa y mi hijo estaban despedazados, con heridas en todo el cuerpo y desangrándose. Un humo negro se escondía en lo más frondoso del bosque.
Fue una experiencia traumática para mí, pero pensé que estaba alucinando, que no existía tal cosa como el humo, que probablemente había sido un hombre y en mí estado de shock, había visto eso.
Lloré y sufrí, hasta que decidí salir adelante. Pero la semana pasada que nos adentramos en el bosque mi hermano y yo, volvió a ocurrir.
Estábamos recogiendo un conejo de una de las trampas y un hedor putrefacto empezó a azotar el ambiente.
Pero el olor estaba combinado con un olor herbal, natural, casi a flores.
El espacio se empezó a nublar con una nube ligera de color negro que aún permitía la visibilidad.
Y fue ahí cuando lo ví.
Una criatura de dos metros y medio. El torso y piernas demasiado delgadas, pero en lugar de manos, unas garras largas de aproximadamente cincuenta centímetros, y en la cabeza, el craneo de un ciervo. Pero un ciervo no natural, de gran tamaño y con cuernos imponentes, con varios picos.
La criatura se movía de forma espeluznante y cuando se fue acercando a nosotros. Gritó agudamente a los cielos.
Con una velocidad impresionante, se acercó a nosotros y soltó su primer golpe con una de sus garras. Alcanzó a mi hermano.
Tomé la antorcha que tenía a mi lado y se la aventé.
La criatura no sufrió daño pero parecía que no le gustaba el fuego. Me dio tiempo para cargar a mi hermano, que se había desmayado y salir de ahí corriendo.
-Mmm. Miedo al fuego, hedor putrefacto, aspecto no humano, humo negro, capacidad de aparecer y desaparecer, gran velocidad.
Tendría que analizar sus rastros en el bosque y verlo cara a cara, pero puedo casi asegurarte que es un demonio del bosque. -Le digo.
-¿Qué? ¿un demonio? Pero mi abuelo me contaba que esas cosas no aparecen de la nada, que alguien las invoca.
-Es correcto, probablemente alguien hizo sacrificios humanos para invocar alguno. Hay muchos cultos al rededor de estas tierras que veneran a esas criaturas.
Mary empezó a sollozar y Dave le tomó de la mano.
-Presiento que esa criatura nos quiere a nosotros. En las noches, la escucho cada vez más cerca.
-Es probable, se alimenta de carne y sangre humana. Probablemente los esté cazando, pero no puede violar tan fácilmente hogares, necesita atraerlos al bosque y ahí matarlos.
-Dios. -Dijo Dave mientras Mary lloraba de forma incontrolable.
-Ya, ya. No te preocupes Mary, todo saldrá bien. ¿Cómo nos deshacemos de el?
Me quedé pensativo por unos momentos, recordando mis últimas batallas con ese tipo de demonios.
-La única forma de deshacerse de el, es matándolo y destruyendo el altar que se utilizó para invocarlo.
-¿Matar a esa cosa? Me parece casi imposible. -Dijo Dave mientras Mary se secaba las lagrimas y ahora escuchaba atenta.
-Es posible, lo he hecho antes, pero la batalla es muy peligrosa. El demonio cuenta con una fuerza descomunal y ahora más por haberse alimentado de dos cuerpos, el de tu esposa y tu hijo.
-¿Entonces te enfrentarás a él? ¿Lo matarás?
-Si, pero me temo que el precio serían quinientas monedas de plata.
-Dios mío. -Dijo Mary.
-Es mucho dinero cazador, pero no podemos vivir con esa cosa cerca de nosotros porque moriremos, así es que te seré sincero, nuestros ahorros son de trescientas monedas de plata.
-Con eso bastará.
-¿Y el altar? ¿Cómo te desharás de el?
-Una vez que mate al demonio, tengo que seguir su rastro y destruir el altar. Eso tampoco será tarea fácil, probablemente se encuentre en un lugar peligroso.
-Cada moneda será tuya si logras ayudarnos.
-Haré lo posible.
-¿Cuando podrías encargarte?
-Déjame dormir aquí esta noche, preparar todo lo necesario mañana y cuando caiga el sol, iré a por el demonio.
-Adelante cazador, este es tu hogar. Tenemos un cuarto de visitas en la casa que se encuentra al fondo, puedes quedarte ahí.
-Gracias, me iré a dormir.
-Muchas gracias señor, le agradecemos enormemente que esté aquí. -Me dice Mary.
-Primero terminemos con esto, después me agradecen. -Le digo.
Me retiro a la casa del fondo. Acaricio a mi caballo y le llevo unas verduras que tomé de la cocina. Me siento a escuchar el viento mientras el se come todo.
El viento susurra peligro, augura violencia.
Es momento de descansar, mañana será un día muy largo.
En cuanto pego la cabeza a la almohada, duermo como un bebé.
Al siguiente día, Mary me invita a desayunar a la casa principal. Desayunamos todos juntos, hablando de temas que no involucren al demonio, pasamos un rato agradable.
Paso el día leyendo pasajes del bestiario que me hagan aprender algo nuevo de esta criatura, pero sus características son muy peculiares, no aparecen en ningún pasaje.
Verifico mi armadura y afilo mi espada. Paso el resto de la tarde meditando y creando fortaleza mental. Hasta que suena la campana. Es la hora de la cena para ellos, para mí, es hora de cazar.
-No me esperen despiertos. Si no regreso en dos días, busquen a otro cazador para que termine el trabajo.
Ambos me miran con preocupación.
-Nos vemos después, en esta vida o en la otra. -Les digo con una sonrisa en el rostro y cierro la puerta de la casa.
El camino hacia lo profundo del bosque obscuro es sencillo, ya que está marcado.
Sé que me estoy acercando porque el hedor empieza a llegarme a la nariz. Es hora de buscar rastros y saber si en realidad es un demonio.
Amuletos malditos creados a partir de huesos de animales en forma de collares aparecen en el piso, animales sin cabeza y drenados de su sangre, la pesadez del ambiente. No hay duda, estoy ante un demonio, uno muy poderoso.
Ahora sé que hay que encender la antorcha, el fuego no les gusta.
El viento empieza a soplar más fuerte, escucho una advertencia en el aire. El demonio no quiere que me acerque, sabe que soy una amenaza.
Pero entro en su territorio, hay animales muertos por doquier y un circulo marcado con piedras. Respiro profundamente y exhalo todo el aire y nerviosismo por la pelea.
Sacó la espada de su funda y realizo un movimiento para acostumbrarme al mango. Hace mucho que no tenía una batalla peligrosa.
Un chirrido se escucha en todo el bosque y los árboles se mueven violentamente.
El momento ha llegado.
La criatura emerge de un humo negro espeso.
Es exactamente como la describió Dave, pero mucho más espeluznante.
Parezco un enano a su lado y sus garras miden la mitad de mi cuerpo.
Empiezo a caminar en círculos a su al rededor, moviendo la antorcha y poniéndola frente a mi.
El demonio gruñe y no se acerca, no quiere quemarse con el fuego. Parece consternado, como si nunca nadie lo hubiere desafiado, pero sus gruñidos son cada vez más fuertes, hacen entender que quiere destrozarme.
Abre los dos brazos y se abalanza hacia mí, buscando herirme con sus garras. Mi espada bloquea el primer golpe y con la antorcha quemo uno de sus brazos que se enciende, y con la espada, suelto un golpe certero en una de sus garras.
El golpe no infringe daño alguno, tendré que apuntar a su cuerpo, pero no sera nada fácil. Su rango de daño es bastante por la longitud de sus brazos.
El demonio agita el brazo quemado, que empezó a incendiarse y me da un golpe que me saca volando. Mi espalda pega directamente contra un árbol.
El dolor es punzante, pero no se ha roto nada, hay que continuar.
Sigue agitando su brazo hasta que el fuego se apaga.
Tengo aceite que propicia el fuego, pero no puedo utilizarlo ahora. Con todo su poder, el demonio puede desaparecer y dejaría de arder en segundos. Debe de ser utilizado cuando esté a punto de agonizar. Hay que planear otra estrategia.
Otro chirrido se escucha en el círculo y empieza a correr hacia mí.
Esquivo su golpe y me colocó rápidamente detrás, asestando un golpe con todas mis fuerzas en su espalda. La criatura gime de dolor y desparece.
Le he hecho daño. Es posible vencerla. -Me digo a mí mismo.
Me muevo lentamente en círculos, atento a su aparición.
Aparece de mi lado derecho y sin posibilidad de moverme, me asesta un golpe en el pecho.
La armadura me ha protegido, pero una de sus garras ha penetrado. Tengo una herida que me recorre todo el pecho.
Caigo al suelo después del golpe y siento cómo las fuerzas me abandonan.
Golpea de nuevo, cubro con la espada y regreso el golpe a una de sus piernas. El demonio retrocede.
Tomó de mi bolso la pócima de curación y la bebo completa. El sabor es insoportable, pero bloquea el dolor y me revitaliza.
Llegó el momento de la verdad. No podré aguantar más esta batalla si no termino con él rápidamente.
Con la antorcha, empiezo a incendiar todos los árboles que se encontraban fuera del círculo de piedras. Voy caminando en círculos y con cada árbol que incendio, el demonio golpea con sus garras, pero esquivo todos y cada uno de los golpes.
De repente, estamos en el infierno. Todo el bosque se encuentra en llamas, el calor es insoportable y la visibilidad empeora poco a poco.
Me acerco al demonio, bloqueo uno de sus golpes y asesto con la espada en su brazo.
La criatura gime y desaparece, pero aparece de inmediato. El fuego no le permite convertirse en humo negro.
Chilla de impotencia.
Siento como el sudor recorre todo mi cuerpo. Muero de sed y el calor es demasiado.
El demonio entra en un estado de frenesí, golpeando sin parar. Bloqueo algunos golpes, esquivo otros, pero me quita el aliento. Trato de ganar terreno y cada vez que esquivo, golpeo su cuerpo con la espada. Después de una danza interminable, el demonio parece muy debilitado.
Lo golpeo tres veces con la espada, doy unos pasos atrás y aviento la botella de aceite. Veo cómo el aceite le recorre todo el cuerpo. Está confuso, no sabe qué es lo que acaba de ocurrir.
Con una sonrisa, aviento la antorcha a su cuerpo.
El demonio empieza a arder completo, los chirridos son insoportables y altísimos. Me tapo los oídos hasta que me acostumbro.
Está ardiendo y moviendo las manos de forma descontrolada, tratando de apagar las llamas, pero sigue vivo.
Decido dar el golpe final. Saltó con todos mis fuerzas, alzo la espada y la clavo en su cabeza, directamente en el craneo de ciervo.
Un impulso hace que salgamos volando ambos, en direcciones opuestas.
Un grito ahogado de angustia se escucha y el demonio desparece en una explosión de humo de color negro.
Abro los ojos y el fuego se ha ido, los árboles están quemados pero no hay ninguna llama. Se respira aire fresco y una lluvia ligera empieza a caer en el bosque.
Veo algo en el suelo, me acerco y puedo ver el craneo de ciervo.
Lo tomo y lo amarro a mi cinturón, servirá como prueba para Dave y Mary.
Ahora, hay que seguir sus rastros hasta el altar.
Sigo el olor que ha quedado y sus pisadas de gran tamaño que me llevan a una cueva.
En la cueva, hay sangre en el piso, huesos humanos y una luz al fondo.
Me voy acercando poco a poco y veo a dos mujeres desnudas, removiendo algo en un caldero. Brujas.
Al verme entrar, salen corriendo por uno de los túneles de la cueva.
Al fondo, se encuentra el altar del demonio.
Huesos humanos de los sacrificios y un jarrón con toda la sangre derramada.
Vierto las últimas gotas de aceite y enciendo el altar con la antorcha. A los pocos segundos, toda la cueva está en llamas.
Ya no sé a que tenerle más miedo, si a los humanos o a los monstruos. -Me digo a mi mismo.
Salgo por mi propio pie de la cueva, con dirección a la casa de Dave.
La lluvia es cada vez más espesa.
Toco la puerta. Dave y Mary abren. Pareciera que acabaran de ver un fantasma.
Se sientan en la mesa y los sigo.
Coloco en el centro el craneo de ciervo.
-Está hecho.
-Dios mío, ¿de verdad lo has matado? -Me pregunta Mary.
-Si, también me ocupé del altar. No tienen más de que preocuparse. Denme mis monedas y seguiré mi camino.
-Pero estás herido, estás sangrando del pecho, necesitas descansar. -Dice Mary.
-Buscaré un lugar apartado para curarme y meditar unas horas.
-¿Seguro estás bien? -Me pregunta Dave.
Asiento con la cabeza.
Dave se levanta, abre uno de los cajones de la cocina, saca una bolsa y me la da.
-Las trescientas monedas, contadas.
-Gracias.
-Gracias a ti cazador. ¿Te divierte hacer esto? ¿Combatir el mal y ayudar a las personas? -Me pregunta.
-Alguien tiene que hacerlo. Aunque cada vez quedamos menos, no sé que pasará en unos años.
-Gracias, de corazón.
-Hasta luego, gracias por su hospitalidad.
Me levanto y Dave me abre la puerta. Preparo mi caballo y cuándo voy pasando enfrente de la casa, veo a Dave y a Mary saludándome, con un gesto y una sonrisa.
Les devuelvo el saludo y sonrío.
Es momento de buscar un lugar para descansar y después, buscar un nuevo contrato. Escuché que un murciélago gigante estaba aterrorizando a un grupo de pobladores.
Cazador…
-Adrián de la Vega.