Nota del autor: Estas publicaciones se presentan tal cual fueron escritas, sin ediciones, para preservar la autenticidad de los pensamientos del autor. Agradezco su comprensión ante cualquier error ortográfico o gramatical.
Noche lluviosa, con sed por un trago. Me meto al primer bar mal intencionado de mi camino para satisfacer mi necesidad.
Pido un whiskey en las rocas y un cenicero para mi cigarrillo.
El whiskey tarda mucho y para calmar mis ansias, enciendo el último cigarrillo de mi cajetilla.
El mesero se acerca con el vaso de whiskey, lo deja en la mesa y se aleja tranquilamente.
-Gracias. -Le digo con una sonrisa.
Suena la puerta del bar, la cual se encontraba en frente de mi.
Un hombre con un traje de color negro, corbata negra y camisa blanca entra por la puerta. Una barba puntiaguda y el pelo engominado eran sus características más importantes.
Su caminar emula al de una criatura que no es de este mundo. Con gracia pero misterio al mismo tiempo.
Sin preguntar, se acerca a mi mesa, jala una silla y se sienta frente a mi.
-¿Te importa que me siente aquí? -Me dice con una voz misteriosa y con tono grave.
-Sinceramente, si. He tenido un día pesado y lo único que quiero es tomarme mi trago en solitario.
-Creo que no tienes opción, solamente te pregunte por una simple atención hacia ti.
Arqueo las cejas para que entienda que estoy realmente molesto por su presencia.
El se inclina hacia la mesa, chasquea los dedos y de los mismos, sale una llama que se queda encendida. El juguetea con la llama y la coloca en la palma de su mano.
Siento como el corazón me palpita con violencia. Las palmas de las manos me sudan y siento un escalofrío que recorre mi espina dorsal.
-¿Qqqquien eres? -Le digo.
-Tu sabes quien soy. No hace falta decir mi nombre. Además, el nombre que me han dado en este plano existencial es tan… simplón, tan vago y sin sentido. No lo repitas o me molestaré.
Giro la cabeza para pedir ayuda o verificar si los demás vieron lo mismo que vi yo. El bar se encuentra completamente vacío. Las ventanas se encuentran empañadas por un humo de color negro y denso.
Me doy cuenta que no hay a donde correr, no puedo gritar y nadie vendrá a ayudarme. Así que decido continuar con la platica y entender que está sucediendo a mi alrededor.
-Sigo sin entender quien eres. -Le digo.
El hombre hace una mueca, apretando los labios y saca la lengua para mojarlos.
-Llámame, Teufel. -Me dice mientras sus ojos cambian de color a un rojo vivo.
Es en ese mismo instante cuando la incredulidad absorbe todos mis pensamientos.
-Debo estar soñando. -Me digo a mí mismo. Me muerdo un labio y toco los dedos de mis manos pero el tacto es demasiado real, estoy despierto y en una pesadilla. Un pesadilla real.
-He venido por ti. Tu tiempo en este mundo se ha terminado y es momento de partir.
-¿Qué no se supone que tiene que venir otro personaje por mí? ¿Al que llaman «la parca»?
-Esos son cuentos baratos. Yo soy el que me presento con aquellos que han desperdiciado su vida, con aquellos que han vivido de realizar malas acciones y que su paso por este mundo ha sido un desperdicio.
-¿Desperdiciado mi vida? Pero si he hecho cosas importantes.
-¿Ah si? Dime una.
El hombre saca un puro de su saco, chasquea los dedos para encender una llama y lo prende.
Le da una fumada y expulsa el humo en toda la mesa. La visibilidad empeora y cuando el humo se empieza a disipar, lo veo con una sonrisa de oreja a oreja, esperando mi respuesta.
-Hice mucho dinero, tengo un coche último modelo y una casa en la zona lujosa de la ciudad.
-¿Y cómo hiciste ese dinero, mi estimado?
-Negocios…
-¿Legales?
Me quedó callado por unos momentos, nervioso por mi respuesta. En el fondo sé que me aproveché de los demás para hacer mi fortuna.
-No del todo. Pero después ayudé a mis trabajadores con mejores salarios y le di buenas cosas a mi familia. ¿No cuenta eso como una acción buena?
El hombre acerca un taburete que estaba abajo de la mesa y sube los pies.
-Tecnicamente… no. Eso lo hiciste cuando el sentimiento de culpa te atacó. Eres un buen tipo, pero la codicia y el egocentrismo te consumieron. Te dejaste corromper por bienes materiales y perdiste de vista lo que realmente importaba.
-¿Y qué es lo que realmente importaba? -Le pregunto.
-Siempre lo supiste, aún lo sabes, solo que te dejaste llevar por cosas sin sentido, cosas intrascendentes.
-No, no lo sé. Toda mi vida pensé que tener estas cosas me llevaría a tener comodidad y un estatus, tener poder e influir en los demás.
El hombre sonríe.
-¿Recuerdas tu vida a los diez años? -Me pregunta.
-Sinceramente, no mucho.
-Trata de recordar mi estimado, poco a poco te vendrá a la mente la verdad.
Trató de recordar pero solo me viene a la mente la casa de mis padres y algunos juguetes.
-No recuerdo nada.
-Entonces déjame que te refresque la memoria.
El hombre baja los pies del taburete, con un movimiento de manos, acerca mi cabeza con una fuerza invisible y coloca su dedo en mi frente. Siento como su tacto me quema y se me nubla la visión.
De repente, estoy con mis amigos de la infancia. Uno de ellos me pregunta: ¿Y tú? ¿Qué quieres ser de grande?
-Quiero ayudar a los demás, hacer feliz a los demás. -Le digo a mi amigo.
Me duele la cabeza intensamente, abro los ojos y estoy de nuevo en la mesa del bar.
El hombre tiene de nuevo los pies sobre el taburete y sigue fumando el puro.
-¿Te habías olvidado de eso?
-Si, no fue mi culpa olvidarlo. Te lo prometo.
-Eso no es cierto, cuando hacías tus negocios turbios, te venía a la cabeza ese pensamiento y constantemente te preguntabas si estabas haciendo lo correcto, mientras desfalcabas a los demás. A personas inocentes.
-Pero no tuve otra opción.
-Basta de peros. Claro que tuviste otra opción, nadie puso una pistola en tu cabeza y salivaste cada vez que supiste cuanto dinero robarías.
-Te prometo que cambiaré, no lo volveré a hacer.
-No hay vuelta atrás. Y dejando a un lado ese tema, dime, ¿dejaste algo en este mundo? ¿una huella?
-A mi familia. -Le digo.
-Tu familia te aborrece. Tu esposa está a punto de dejarte por tus vicios y tus hijos no tienen tu atención, no tienen lo que necesitan para ser personas sanas.
-¿Y que querías que hiciera?
-¿Te refresco la memoria de nuevo? Sabes que te dolerá.
-No, no. Déjame recordar yo.
-Bien, estamos avanzando. -Me dice.
-Dame unos minutos.
Cierro los ojos para intentar recordar qué es lo que siempre quise hacer con mi vida, que huella era la que quería dejar.
-El tiempo corre, te dolerá si vuelvo meterme en tus recuerdos. -Me dice, impaciente.
-No, ¡espera! Creo que ya lo tengo.
-Cuéntame.
-Quería ser escritor. Dejar una obra literaria para ayudar a los demás a encontrarse a si mismos.
-¿Y por qué nunca escribiste una sola palabra?
-Creo que me dejé llevar por cosas sin sentido, como lo habías dicho.
-Exactamente. ¿Y como te sientes al respecto?
-Honestamente, ahora que me lo pones así, bastante mal. Siento que desperdicié todo mi tiempo en este mundo.
El hombre expulsa el humo del puro directamente en mi cara.
-¿Y ahora? ¿Tu carro y tu casa te acompañarán a mi hogar? ¿Al lugar lleno de llamas y sufrimiento humano? -Me dice.
-No…
-¿Tus seres queridos? ¿Te recordarán con amor y cómo una persona que cambió sus vidas?
-Tampoco.
El hombre rié a carcajadas. Su risa es malévola y sarcástica y se escucha en todo el bar.
-¿Entonces? ¿A qué viniste a este mundo?
-Creo que… a nada. No logré nada y siento un tremendo vacío en mi interior.
El hombre se acaba el puro, lo deja en el cenicero, chasquea los dedos y aparece un vaso de whiskey en la mesa. Sorbe un trago, hace un gesto de gusto y dice:
-¿Y que harías si te doy otra oportunidad? ¿Si te permito quedarte más tiempo?
-Supongo que dedicaría más tiempo a mi familia, recuperaría la relación con mi esposa, trataría de que todas mis acciones fueran correctas y me empeñaría en escribir esa obra, para dejar un legado positivo.
-Mmm… suena prometedor. Pero como te dije, no hay vuelta atrás y tu tiempo se ha acabado. Abriré un portal a mi hogar, sentirás un calor sofocante y doloroso, pero tienes que cruzar la puerta.
-Vale, pues creo que no hay más. Me siento como un tonto. Nunca hice ese viaje que tanto quería hacer, nunca me compré esa motocicleta que tanto me gustaba, hice que todos mis conocidos me detestaran y que otros me siguieran por mero interés y no cumplí mis verdaderas metas.
-Suele pasarle al 90% de las personas en este mundo. ¿Pero sabes qué? Veo potencial en ti, creo que sí puedo darte una segunda oportunidad.
-¿De verdad?
-Si. Me suelen representar de una forma errónea a mi verdadera naturaleza, pero tengo también un lado… humano, digamos. Creo que no tengo que recordarte que es lo que harás de ahora en adelante, ¿verdad?
-No, no tienes ni qué repetirlo. Está grabado en mi mente, tatuado con una tinta imborrable.
-Bien.
El hombre termina su whiskey y deja el vaso en la mesa.
Se levanta y dice:
-Ha sido un placer conocerte. Ojalá podamos volver a tener otra charla… en circunstancias diferentes, claro.
Chasquea los dedos y desparece en una nube de humo denso.
En cuanto se disipa el humo, el bar vuelve a la normalidad. Los comensales siguen tomando, fumando y riendo.
Yo me encuentro solo en la mesa, con la vista perdida en la mesa y con temblorina en todo el cuerpo. Giró la cabeza y veo una a una a las personas que se encuentran en el bar.
Parece que nadie se ha percatado de lo que me ha pasado, nadie ha visto al hombre trajeado más que yo.
Me quedó con la boca abierta y la mirada todavía perdida, hasta que un mesero se me acerca.
-¿Se encuentra bien señor? Parece que vio a un fantasma. -Me dice
-Algo mucho peor.
Saco un billete grande de mi cartera, lo dejo en la mesa y le digo:
-Gracias. Me tengo que ir, no tengo tiempo que perder.
El hombre trajeado.
-Adrián de la Vega.