Nota del autor: Estas publicaciones se presentan tal cual fueron escritas, sin ediciones, para preservar la autenticidad de los pensamientos del autor. Agradezco su comprensión ante cualquier error ortográfico o gramatical.
Los momentos que mas han hecho que mi vida y mi mente cambien, han sido estando en un viaje.
Ya sea un viaje por la mente, o más comúnmente, un viaje lejos de casa.
Esas transformaciones me han marcado y han moldeado las decisiones y caminos que he tomado después de cada uno de ellos. Pero todas esas transformaciones, han sido positivas.
Tengo dos ejemplos muy claros en estos momentos:
«Gran Cañón» en 2015 y Asia en 2018.
Le llamo «Gran Cañón» entre comillas porque fue un viaje en motocicleta donde junto con mi padre, recorrimos las Vegas, el Gran Cañón, Flagstaff y la Ruta 69, entre otros.
En ese entonces, me atraía la idea de tener una motocicleta, pero no me apasionaba tanto como en estos momentos.
Es por eso que fui de copiloto en una poderosa BMW manejada por un experimentado piloto, mi padre.
Al inicio del viaje, cuando empecé a conocer los tiempos que estaríamos arriba de la motocicleta recorriendo carreteras, decidí que necesitaría música en cada minuto arriba de la moto, porque si no, el aburrimiento sería insoportable.
Las primeras carreteras, utilicé mis audífonos y escuché alguna que otra playlist preparada por mí, pero en cuanto olvidé colocármelos en un trayecto, esa idea de tenerlos constantemente murió poco a poco.
Fue un momento mágico que hace mucho no sentía. Estar dentro de un casco, en solitario con tus pensamientos y tu mente, en un viaje de introspección y cuestionamiento, fue para mí un momento mágico.
Me di cuenta que hace mucho no estaba en solitario con mi mente, que hace mucho no me hacía preguntas acerca de mi existencia y que era raro que estuviera tan concentrando como estando dentro del casco.
Y a partir de ahí, la motocicleta se convirtió en una de las cosas más importantes de mi vida.
No por la velocidad, ni por el sentimiento de tener una motocicleta de precio elevado, ni por el ego de tener una máquina veloz. No, fue por el sentimiento de libertad que uno puede tocar con las manos con cada ráfaga de viento, fue por la meditación activa que se realiza cuando uno está arriba de una, por la concentración y emoción que transmite.
Siguiente transformación importante: Asia 2018.
Recuerdo ese viaje como una puerta que me llevó a un universo diferente, a una realidad diferente. El Adrián que cruzó esa puerta era alguien irreconocible a la persona que salió de ella.
Estaba en un momento de crisis existencial, en un viaje de mejora personal, de crecimiento interno y de búsqueda espiritual.
Nunca había hecho un viaje solo y la simple idea de ir tan lejos, sin nadie a mi lado, me creaba un escalofrío en toda la columna. Pero algo dentro de mí, me decía que lo hiciera, que me animara.
Y me animé.
Adrián, una persona con ansiedad social, que odiaba comer solo, que le daba miedo acercarse a las personas a preguntar direcciones, decidió cerrar ese capitulo en su vida, planeó un viaje en un tiempo récord de tres semanas y subió al primer avión disponible.
Aún me pregunto cómo tuve el valor de hacer eso estando en el estado mental en el que me encontraba anteriormente, pero creo que hay ciertas cosas en esta vida que están predestinadas (Maktub).
Estando solo, me abrí completamente a experiencias nuevas para mí. Disfruté de comidas en solitario, inicié conversaciones con personas totalmente extrañas, perdí el miedo a estar perdido y a no tener plan. En general, vencí a la ansiedad y me transformé en una persona diferente.
El primer canto budista que escuché en Tailandia, hizo retumbar mi corazón de una forma muy extraña. Sentí como mi espíritu me pedía acercarme a aquello que ellos habían encontrado.
Una de las cosas más importantes de ese viaje, fue mi acercamiento al budismo con la lectura del Dhammapada y el inició de mi meditación, que me ha cambiado la vida en formas que no se pueden explicar con palabras simples.
Y es por eso, que siempre busco estar «perdido» en un viaje. Porque las veces que mas he crecido como persona, han sido en momentos donde mi mente se abre totalmente a experiencias nuevas, donde miro al miedo de frente y normalmente, eso pasa en los viajes donde hay muchos momentos en solitario.
Obtengo pequeñas migajas de ese sentimiento cuando cada domingo, recorro carreteras alejadas a la Ciudad. Pero no me pasa con cualquier carretera, me pasa con aquellas que están casi vacías y en las cuales parece que estás en medio de la nada. En esos momentos, es cuando siento que empiezo a levitar sobre el asfalto y que mi espíritu crece.
Ojalá que esas transformaciones se sigan presentando en mi vida, por el resto de mis días.
Transformaciones en el viaje…
-Adrián de la Vega.


